En Nueva York el 8 de marzo de 1908 hubo un incendio en una fábrica en el que murieron 128 mujeres. Es el acontecimiento que marca el día de la mujer trabajadora y que se celebra en todo el mundo. Días después de aquel hecho se produjo una manifestación de miles de personas en Nueva York en el que las mujeres portaban una pancarta que decía “Queremos pan pero también queremos rosas”. James Oppenheim escribió un poema, “Bread and roses”, inspirado en aquella manifestación y después distintos grupos le han puesto música.

8 marzo 1908

 

 

 

 

“Pan y rosas” es un icono que expresa con precisión la comunión de la necesidad de sentido y la necesidad de estar y hacer, tener y ser. La canción pone de manifiesto la acuciante necesidad (“Los corazones pasan hambre tanto como los cuerpos. ¡Dadnos pan pero dadnos también rosas! ”) y la centralidad que para la misión liberadora tienen la necesidad de sentido (“Un millón de oscuras cocinas y un millar de hilanderías grises/ Son tocadas por todo lo radiante que un repentino sol revela”). El poema comienza diciendo que mientras la gente está en su andar cotidiano en medio del mundo, a las tristezas y oscuridades les puede llegar repentinamente la luz que el sol radiante revela. La gente canta “¡Pan y rosas, pan y rosas!” La gente hace suyo el clamor de los pobres del mundo (“gritan a través de nuestro canto su viejo clamor por el pan”). Todos, pobres o ricos, no podemos ser reducidos a euros y tiempo sino que nuestro espíritus, a veces cansados, “conocemos el pequeño arte del amor y la belleza” y por eso aspiramos no sólo al salario diario (pan) sino también al bien, a la verdad, a la belleza (las rosas). Nuestra forma de andar “trae el gran día”, “el ascenso de la humanidad” en el que compartamos las glorias de la vida. Más o menos eso dice la canción.

Bread and Roses

As we come marching, marching in the beauty of the day ,
A million darkened kitchens, a thousand mill lofts gray,
Are touched with all the radiance that a sudden sun discloses,
For the people hear us singing: “Bread and roses! Bread and roses!”

As we come marching, marching, we battle too for men,
For they are women’s children, and we mother them again.
Our lives shall not be sweated from birth until life closes;
Hearts starve as well as bodies; give us bread, but give us roses!
As we come marching, marching, unnumbered women dead
Go crying through our singing their ancient cry for bread.
Small art and love and beauty their drudging spirits knew.
Yes, it is bread we fight for — but we fight for roses, too!
As we come marching, marching, we bring the greater days.
The rising of the women means the rising of the race.
No more the drudge and idler — ten that toil where one reposes,
But a sharing of life’s glories: Bread and roses! Bread and roses!

 

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